miércoles, julio 17, 2013

De la necesidad o no, de saber si la curiosidad mató al gato...




¿Es necesario saberlo todo? Será cierto que la curiosidad mató al gato, pero que la satisfacción lo revivió?

Esa curiosidad de saber fue la que nos sacó del Paraíso (tan bien que se estaba ahí, qué lugar de 7 estrellas ni qué lugar de 7 estrellas). El Paraíso lo tenía todo, ovejitas, leones jugando con corderos, arroyuelos, árboles frutales, pasto bien cortado, nubecitas blancas y un hermoso cielo azul.

Pero ese maldito deseo de saciarse en el Árbol de la Sabiduría fue la perdición. La Fruta no fue la perdición en sí, ni el morderla, ni que estuviera tan cerca de ellos, los primeros fundadores oficiales de la población terrestre, no, la perdición fue tener la curiosidad. 
Según esto, claro. Pero me resisto.

Y no, no lo creo. No creo que el saberlo todo sea el camino al desastre.

Si acaso es el camino a que te de lumbago por mantener una mala posición durante un largo rato.

Y no creo que Internet esté ayudando mucho a una posible desaparición de la curiosidad por el todo.

Esta pantallita es una ventana a un universo hecho a la medida de lo que se sabe o supo, pero no de lo que se sabrá. 

Afortunadamente. Y a la medida mía, supongo.

Por esta pantalla te veo y veré, sé y sabré de tus sueños, de tus locuras y experiencias.

No creo descansar, no hay final, sólo hay rincones por explorar, cuando acaba uno por saber algo, como singularidad ya reconocida, aparecen dos más listas a ser investigadas, averiguadas, con la tentación similar a una como la que le costó la vida al gato.

Quizá esos objetos de búsqueda estarán apiñados como en un almacén junto con las piezas que faltaban, porque la vida así lo es, separada y por partes, ¿o será como las piezas del Relojero o las del Alfarero esperando que lleguen los engranecitos o la masa correcta en el momento correcto?

Así las cosas, sólo espero que el estado de la curiosidad permanezca en la mente de cada quién, sólo agregar cada bebida a quien mas le parezca en el momento correcto, helada, caliente, al tiempo.

Pero no se olviden de mí. Anoche la lluvia fue ensordecedora, llena de cántaros, caían perros y gatos del cielo, pero hoy el día promete, lo esperamos con ansia. 

Afuera un pájaro carpintero está queriendo destruir a la civilización con precisión y obsesión casi humana. Por el momento resistimos simbólicamente. Pero no sé cuanto vaya a durar. 

Disfrutemos pues, la curiosidad. Démosle rienda, pero sepamos cuando parar, al menos a decímetros del abismo. El día promete, ya dije.

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