sábado, agosto 31, 2013

De cuando estuve en Radio.

R Y F 01.08.13

Ahora toca hablar de la otra parte, de cuando yo estuve en Radio.

Cómo explicar la sensación de estar frente a un micrófono, diciendo mil cosas, diciendo mil temas, y salir adelante de la experiencia, vivificado, intenso después de pasar una hora en radio, de las que pasé 40 semanas durante 6 años de 1997 hasta que ya no pude en 2003. 240 programas de una hora. 

Sin comerciales. Sin censura.

Como de mariposas... intensas. Impactantes. Que duran toda la vida...


Llegaba apretadísimo del trabajo, corre y corre dando instrucciones a los chicos y chicas operadores de cual canción sería la primera.

¿Cómo explicarles el gozo de estar una hora hablando de todos los temas que se me ocurrían? Ah, el programa se llamó Papiro Digital porque hablaba del contraste de las tecnologías, que de alguna manera estaban al borde de una guerra entre ellas, sobre todo con el inicial y tímido acceso a Internet, el cual en 1997 estaba apenas buscando su lugar poco a poco mas y mas.

Ese programa ahí en Radio UdeM, lo conseguí gracias al extrañadísimo Gerardo Kotera.

Toda una experiencia: Por ahí tuve mis cassettes (¿¿Cassetes?? ¿qué son cassettes??), en donde religiosamente grababa muchos de mis programas, de los que han de quedar un puñado, lo gracioso es que si se escucha uno de 1997 y se compara con los de 2003, se nota radicalmente diferente, al principio yo era como que muy formal, muy correcto, pero poco a poco se fueron dando las cosas y al final de cuentas obtuve mi voz, literalmente.

Y la metodología era sencilla, hablar de un tema, comunicarlo, y listo, lo podrías hacer con hata cuatro temas afines, historia, eventos, cine y rock and roll, de esa manera toda la experiencia se llenaba cuando se hacían la conexiones correctas.

Los temas en radio eran de todo tipo, de religión, de historia, de rock, de cine, de comics, de libros, de tendencias, de tecnología, sociedad, eventos y el chiste era juntarlos todos en algo cohesivo, integral.

Estar en radio era fantástico, no se me pagaba nada, lo sé, pero era como tener la radio para mi sólo, como si yo fuera el dueño de la estación.

La UDEM sí fue muy generosa, nunca me prohibió nada, nunca tuve un problema con nadie, excepto con una señora que se molestó conmigo por hablar del tema del Padre Maciel. 

En 1999 el tema Maciel era de mirarlo, y no acercarse, era una maldición, por eso pocos se atrevieron a exhibirlo. Ahora ya es cosa más que juzgada, pero en esos tiempos le costó al Canal 40 de la ciudad de México el boicot de público y de patrocinadores, hasta que se provocó la injusta toma del canal por TV Azteca. Pero todo empezó por el tema Maciel.

Mi metodología era hablar de lo que salía en medios y discutirlo, ponderarlo, airearlo, y pues cayó en mis manos el tema Maciel. Y pues dije y discutí lo que decía el periódico, hablé de la situación tan tirante y que ojalá se resolvieran las dudas y demás, por el bien de los inculpados y de los dañados.

Y nada hubiera pasado, otra noticia más y que sale una llamada, no fue al aire pero la tomé. Y me dice la señora que cómo era posible lo que estaba diciendo, que como me atrevía, etc. 

Me dio una regañiza. 

A la semana siguiente me volvió a hablar para pedirme disculpas, que sí, que en la propia escuela les habían dicho que no tocaran el tema, que no era conveniente. Y ahí quedó todo.

No volvió a pasar nada de problemas de ninguna índole, esa fue una señora de fuera, de la UDEM nadie me dijo nada. ¿Quizá por no llamar la atención, quizá porque la estación se alcanzaba a escuchar sólo hasta el 4to carro de la segunda fila del estacionamiento?

Y bueno, el caso es que fui feliz frente al micrófono.

La estructura del programa era 4 partes, la interrumpía con música, con CDs que yo llevaba, y pasaba la música que a mi me agradaba.

Porque había otra cosa, la gente me decía que si aceptaba complacencias y cosas así, y nada, no, les decía en el programa que a esa hora sólo se complacía una voluntad, la mía. Sólo esa. Quizá era arrogancia, quizá yo pecaba de pretencioso, pero lo divertido nadie me lo puede quitar.

También les decía a la gente que si no les gustaba el programa se podían ir a otro, que abajito o arribita de su control de su radio no muy lejos podían encontrar estaciones complacientes que les darían lo que querían, lo mismo de siempre.

Yo no daba lo mismo de siempre. En tiempos de la muerte de Lennon leía artículos de aquél momento, en tiempos del Dos de Octubre No se Olvida ponía música de Oscar Chavez, en tiempos de conmemoraciones por ejemplo leía todo un cuento por decir de Isaac Asimov, o una lectura sacada de Cosmos de Carl Sagan. 

Como era escritor de novelas, en un tiempo ponía música de Paperback Writer de los Beatles, en otro tiempo puse a Led Zeppelin con Since I've been Loving You, ¿qué porqué ponía música de table, con esa? me preguntaban, era divertido.

Hablé de las Torres caídas a un día de haber sucedido, fue de los más impactantes programas.

En fin.

Hay gente que pagaría por estar en radio. Yo lo sé. Yo hubiera pagado.

La UDEM, mi universidad, me dio un programa por 6 años, en tiempos que tenía poquito alcance, por lo mismo intriga pensar cómo sería el día de hoy. Sin censura, sin miedos, con todo abierto. Bueno, sin groserías, no las diría al aire, soy muy pudoroso. 

Por varias razones hoy tal vez no duraría.

Pero para expresarnos ahí está You Tube hoy por hoy.

Pero se extraña el vértigo de estar en vivo. El vértigo de sentirse vivo frente al micrófono.

Y las mariposas... intensas. Impactantes. Esas que duran toda la vida...

Ya es agosto que se nos deslizó poco a poco sin avisar.

No sé como escribí tanto. Lo lamento, no volverá a suceder. Al menos hasta mañana.

Un cafecito a quien llegó hasta acá. Un Te helado. Un Capuccino. Una Coca Light. Una pepsi ligth. Una reminiscencia. Unas mariposas.

Feliz Jueves.

Gracias por su paciencia.

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