sábado, agosto 31, 2013

Las catarsis tecnológicas.

ryf 29.08.13 Las catarsis tecnológicas.

Pareciera que todo mundo tuviera un límite desconocido o extraño que pocas ocasiones, o tal vez nunca, se traspasa. Quizá tenemos demasiada civilización a cuestas, o educación o temores de la leyes terrestres o divinas, o sencillamente no somos capaces de entregarnos a catarsis de romper o destruir cosas o de acechar los límites porque probablemente no tenemos necesidad de hacerlo o no sabemos que se pueda hacer. 

Tal vez esas catarsis suceden cuando rompemos cuadernos viejos, o hacemos limpia de cuartos de la casa con cosas que se resistían de salir habiendo pasado por mil depuraciones, porque muchas de esas cosas que estaban ahí merecían otra revisada más o "a alguien le podría servir".

El caso es que hay un lugar ahora en este instante en el que un grupo de personas están en su catarsis anual respecto a todo lo que es la civilización y se entregan a los rituales de las nuevas tribus digitales, las que se crean, nutren, brillan y desaparecen durante la última semana de agosto en un lugar llamado El Desierto de la Roca Negra en el estado de Nevada, en donde se reune muchísima gente a participar de mil cosas que no tienen descripción, pero si acaso, es a romper con el esquema normal de la vida, con escapar diametralmente de la civilización, rozando la anarquía, tocando un poco la vida como sería si Mad Max hubiera llegado al Bartertown, pero sin locas gobernadoras parecidas a Tina Turner o sin Thunderdome al cual entran dos, pero sales sólo uno, pero eso sí, con los vehículos extraños, las vestimentas, o las nulas vestimentas, de todos los materiales posibles, plásticos, aluminios, colores mil, de los asistentes que formarían la base para un catalogo de modas de un futuro alternativo, todos apuntando a que el domingo que viene se le pondrá fuego al Hombre Ardiente, quemándose el dios menor de la tecnología, símbolo de la vida que llevamos, que desde que el festival (y, por favor, no se le llame así) el evento, quise decir, y repito: que desde que el festival empezó hace veinte años, nada se presagiaba de la vida ultratecnológica que llevamos ahora mucha parte de la población de este planeta torturado.

Supe de este evento cuando lo leí en la revista Wired, allá por 1996 o 1997, y al final del artículo sugería que cada país del mundo debería tener su versión del Hombre Ardiente, el lugar donde rompes con el mundo, y donde el mundo rompe contigo.

Porque el mundo ahora es la tecnología, que todo lo controla, de la que dependemos a extremos brutales. 

A fin de cuentas sería una semana en la que podamos suponer que todavía mantenemos el control, y le podemos enseñar quien es el jefe ¿o no?

Pasen lindo jueves y sepan que a muchos kilómetros de distancia, un buen de miles de personas están en su quehacer tribal temporal tecnológico y divino terrenal, y mientra esto ocurre allá, acá tomemos nuestra agua, café, coca cola light, nuestra pepsi light, nuestro capuccino, nuestro té helado... y digamos sin duda, que pasemos un excelente día!!

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