sábado, agosto 31, 2013

Los olvidos... los tuyos y los míos...

Seré breve. Ahora sí.

Está la película de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, con Jim Carrey, uno de los mejores títulos de película favoritos míos. En inglés sería: Eterno Resplandor de una Mente Inmaculada, que tampoco suena tan mal.

De hecho averigüé de donde venía y es de un poema del inglés Alexander Pope: 

¡Qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha!
Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada.
¡Eterno resplandor de la mente inmaculada!
Cada rezo aceptado, cada antojo vencido.

Creo que se refiere al tema del que no ha tenido nada en su mente, que no registra nada, y que en esa mente no habría más que felicidad, porque no hay nada que lo afecte. Un poco sosa su vida, si nos ponemos a pensar.

De hecho la película trata de eso, y estoy seguro de que a la gente se le olvida que es de ciencia ficción suave, es decir, está tan bien hecha la cinta que la gente no se acuerda de que al personaje de Jim Carrey le dan un tratamiento científico (la parte de sci fi)  para olvidar recuerdos terribles almacenados en su cerebro. Lo que pasa es que cosa rara en el ramo, la película cae en lo poético y es bella, definitivo.

La pregunta es esa, ¿deseamos olvidar? ¿se podría hacer eso? ¿Quisiéramos hacerlo? 

Del olvido el problema es que así, sin querer olvidar nos tropezamos con la misma piedra varias veces, así, que imagínate si olvidáramos a voluntad.


Yo no olvido muchas cosas, y ahí están todas, las felices, las infelices, las alegres y las tristes, no sé si alguien quisiera olvidar las tristes, las que causaron dolor, las que causaron llanto.



Dicen que todo se olvida, no, no todo, olvidaremos con la edad lo inmediato (las malditas llaves, la cartera, lo que tiende a esconderse), pero no lo antiguo ya que de alguna manera eso está más que bien implantado en el cerebro, con todas sus inexactitudes, sentimientos y emociones.

Nos hace bien muchas veces el recuerdo, (porque el recuerdo es refugio contra las vicisitudes, y cómo todo, en exceso es dañino, pero que diablos, que sea lo suficiente, ¿no?) y sólo esperemos que la vida nos traiga a nuestra mente la mayoría de los recuerdos buenos, que estos nunca se olviden. 

De los malos recuerdos, de los que quisiéramos que se olvidaran, bueno, esos también se aparecerán, pero sólo esperemos que esos mecanismos mágicos del cerebro, envueltos en sus miles de millones de sinapsis de neuronas se tarden lo más posible en traerlos a la mente y que sí, que se desvanezcan, poco a poco...

Y nunca olvidar, eso sí, lo que nos haga ser mejores, los recuerdos con los que aprendimos a ser mejores, aunque esos sí duelan. (Quizá para fortalecernos, ya que como Nietzche decía, eso, el daño, el mal, lo que fuera, no nos mató)

Ni modo, el crecer duele, el amar duele, la vida duele. Pero no siempre.

Pasen excelente lunes, excelente semana. Excelentes recuerdos. Tu primer café, tu primer pepsi light, tu primer cappucino, tu primer amor...

Tu primer...

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