sábado, agosto 31, 2013

Sombrapenumbras de Amor

r y f 09.08.13 

La sombrapenumbra del amor que somos, el contorno de nuestro ser, el que dejamos en el aire al entrar en el agua, el que dejamos en el perímetro que envuelve el aire que se mira en la termografía de nuestra alma. La sombra que se queda, aún cuando ya no estamos. La sombra nuestra sin sol.

El misterio matemático y simplista de la suma de lo que somos, de la resta de lo que no deseamos, de la división de nuestros pecados oscuros, de la multiplicación de las luces con las que creemos iluminar al mundo. De la negación de que todos somos números, de que todos somos operaciones del mundo imperfecto, agregas materia, obtienes consciencia. Consciencia registrada de manera imperfecta. Porcentajes, handicaps, promedios, sumas, sumatorias, media, mediana.

Somos sombras en las cuevas, pinturas de manos en pared paleolítica, somos sombras que se mueven en círculos concéntricos en vueltas elípticas que algo quieren decir, que algo quieren contar.  Que sólo el silencio da forma, que sólo el silencio espera.

Somos robots que reaccionamos con químicos en el cerebro, algunos nos hacen llorar, algunos nos hacen reír, con otros por fin exploramos al mundo, y con otros, chispas mágicas, nos hacen contener toda esa energía que es la que permite esa creencia de que podemos comernos el planeta a puños, pero ya. La sustancia mágica que entra por tubos directo a las células hambrientas que serán felices, que serán tímidas, las células nuestras de cada día.

Somos robots que tenemos creencias de que no lo somos, porque pensamos, emitimos juicios, nos hacemos preguntas de más allá de los tiempos, de más allá de las épocas, y nos seguimos con más preguntas que inciden en el gran final del universo en el que está todo negro, todo negro y lo negro no es ya discernible y nada hay quien lo defina o no. Y el ser humano, el último ser humano que nunca sabrá la respuesta de ¿porqué?

Pero tal vez sí sentimos, y tal vez no somos robots porque desde que hay hombres máquina que traten de definir su alrededor, nadie les dará la razón y siempre habrán los rebeldes, los que no aceptan, los que cuestionan, los inocentes, los puros, los no alcanzados. Seres envueltos en consciencia que se preguntan por el origen del universo y no pueden saber donde dejaron el paraguas, menos si va a llover.

Tal vez el hombre en medio de sus soledades, de sus locuras, alcances, a fuerza de repetir lo que cree que es belleza, lo que es valioso y lo que no, se esfuerza mas. 

El hombre que se sabe que tiene sensibilidad, el hombre que roza el sentimiento del amor y que no sabe que hacer con él, que descubre la locura máxima, que sabe que los sueños de la razón pueden ser equilibrio más que monstruos, que puede ser un robot que ama, que puede ser creencia de alguna tradición ya olvidada, que es presa de sus instintos, que piensa que el amor impacta, que el amor toma, que el amor da, que el amor transforma, y qué finalmente, el amor no es la respuesta a la pregunta, porque el amor, al final de la entropía, al final del Universo, en donde todavía está el crepitar de la  Anterior Gran Explosión en la que yo o alguien más por medio de mi cerebro, imagino un universo frío y muerto e imagino que el último último último gran bit guarda en su contenido incógnito, que el amor no es pregunta y que el amor es el amor.

Y parafraseando a Asimov en su la Última Pregunta, el amor dijo, hágase el amor, y el amor se hizo.

Lindo viernes con café, té, pepsi light, coca light, polvos cósmicos, llenos de materia salida, sí, del Big Bang, relucientes de rayos, relucientes de amor en sonidos y también crepitares que dan forma y fondo a la misma existencia...

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