jueves, noviembre 07, 2013

Recordando a Supertramp





Cuando vas creciendo no piensas que cambiarás, en algunos casos cambias y ni te diste cuenta como fue.

No es raro, el vivir en el día con día, es como manejar, no te das cuenta como cambia la vegetación hasta que ya la ves bien cambiada...

Cuando viajas de Pachuca a Huejutla ves primero bosque, luego plano, luego casi desierto, luego montaña, luego bosque, luego niebla,  y luego selva y todo en 220 kilómetros mas o menos.

Y no te das cuenta hasta que ves cada cosa. Los cambios son graduales.

Pero en otros casos no cambias. Ni gradualmente, ni no gradualmente, no cambias. Punto. Ya he narrado acerca del buen Adrián, amigo de cuando trabajé en Cigarrera la Moderna a mis 19 años de programador COBOL y que decía que terminaría cambiando de música de rock a norteña o grupera o tríos.. Que siempre pasaba. 

No fue así. Nunca cambié.

Y fue en Cigarrera la Moderna donde escuchaba mucha música de Supertramp en un 8-track, esos aparatos que eran cartuchos grandes y que cambiaban de pista solitos y podían quedarse eternamente dando vueltas pista tras pista tras pista y que desaparecieron para el 1984, y no nos dimos cuenta. Y nadie extrañó su desaparición...

Y bueno, ayer anduvo por el Auditorio Nacional Roger Hodgson, ex lider de Supertramp, un entrañable grupo tan original que es difícil clasificarlo en el ambiente de lo que a Rock se refiere, armónico como Crosby, Stills and Nash, progresivo como Yes, pop como Slade, jazz-rock como Jamiroquai, sepa, no tengo idea, sólo sé que fue un grupo con un tono tan especial que puedes identificar alguna canción, escuchar la voz, los sintetizadores, los tiempos de la canción y decir, esta es de Supertramp.

Nos acompañaron en los años del 1979, 80, 81, 82, con sus discos Breakfast in America; Crime of the Century, Crisis, what crisis?, Brother, where you bound? y sobre todo uno de los mejores, para mi, discos en vivo, el de Supertramp in Paris... que era el que teníamos escuchando en Cigarrera mil veces.

Música que nos acompañó durante la carrera y más allá. Música inacabable, rítmica, meditativa, genial. La sigues escuchando y la sigues disfrutando.

Gracias a mi amigo Pepe, compañero de aquellas armas, de aquellos tiempos, que me recordó que el tiempo sí se detiene, al menos en nuestras mentes.




Tengan un buen día...

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