jueves, noviembre 28, 2013

Inconformismo durante la segunda década del primer siglo del tercer milenio.




Ya vimos, como de alguna manera hemos sido manipulados en gustos, en modas, en tendencias, en el todo-mundo-hace-esto-o-aquello-y-no-veo-porque-tú-no-lo-hagas.

Es algo sencillo, ellos quieren tu dinero, pasarlo de tu bolsillo al de ellos. Simple.

No digo que lo que consumimos sea todo basura, pero  no sabemos, no tenemos idea de lo que no llegó ante nosotros para que otros productos sí.

A veces fue la suerte, a veces el sentido de la oportunidad, pero el número 1 lo tenía sólo uno durante la semana o el mes, el año y eso era lo más importante del mundo para todos.

Y había fenómenos colaterales, la prensa empezó a publicar la taquilla de tal o cual película en cuanto salía, por tanto hacía un deber para aquellos que seguían ese fenómeno de no evitar faltar a la cita, imprescindible, de una película triunfadora que debería ser buena. Deberíamos darles nuestro dinero, participar de la fiesta, no podíamos faltar, nosotros eramos los invitados principales.

Y las películas seguían siendo mediocres, predecibles, la misma película hecha con actores diferentes, nadie sin arriesgar, nadie con apuestas desde lo marginal, y todo tendió a la mediocridad. O tiende a lo marginal.

Y los libros, sólo cambiar de autor, seguían siendo los bestsellers uno tras otro.

Y de música, peor, el rock agonizando, el que llega más al mainstream, y lo que se produce nuevo es como copia de copia de copia, terrible.

Y la televisión, pues, la de paga, que solo sale mas o menos con planes básicos, definitivo, sale airosa un poco más allá. La salva el hecho que vivimos una época dorada de la televisión. Esperemos que siga así. Pero su modelo es ese, de paga. La televisión abierta, ya dije, una tortura.

Qué se puede decir si lo que importa a las grandes compañías era sólo el dinero. Ellos no son de beneficencia, ellos no son Secretaría de Cultura, ellos no son MSN o Skype para dar mensajes. Que se arregle como quiera pero que se recoja mas y más. Donde el accionista impere, por sobre todo. A él es quien se complace, por sobre ti o sobre mi. 

Hay soluciones. Sí, alejarse del mainstream, de la corriente, de las listas de popularidad, separar el oro del plomo, encontrar las agujas en el pajar.

Se puede, es el momento histórico que más podemos, obtener de todos los medios por todos los medios, pagados, prestados, pirateados, no sé si eso sean grandes pérdidas para los accionistas,pero no hay que ponerse tristes por ellos, aún así ganan tremendos dividendos, así que no es por ahí, las experiencias.

No propongo nada, sólo digo cómo son las cosas, cómo resumo las cosas.

Repito, han pasado tantas cosas que nos perdemos, que pensamos que así fueron siempre.

Y las soluciones están al alcance de la mano. Sólo hay que buscarlas. En la Larga Cola, The Long Tail, todo lo que no son los más vendidos, que son los infinitos, en Amazon, en Netflix, con autopublicaciones, músicas de bandas nuevas por todas partes, cines fondeados por mil personas o mas, televisión hecha en casa por ti mismo en YouTube.

Ahora, los problemas son otros: La sobreabundancia. Localizar lo que queremos, y la necesidad de esa sobreabundancia caso por caso de conseguir la atención... y otro obstáculo más: 

Nuestra capacidad para ponerle atención. 

Para reflexionar, para meditar, para gozar, disfrutar.

Así y todo, este es un nuevo mundo. Ojalá que nuestra capacidad de discernimiento aumente.

Y nuestra paciencia. 

Y nuestra capacidad de observación.

Y disminuya nuestro susodicho síndrome de déficit de atención.

Y faltan tantas convergencias por existir.

y nos seguirán bombardeando, y seguiremos resistiendo.

La larga lucha.

Bebidas calientitas, por dos días más.

Los dragones y dragonas están ahí.

Sólo que no los vemos.

Buen día!














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