lunes, noviembre 04, 2013

Sobre el 2 de Noviembre y tantas cosas más...



Este es comentario largo.

Avisados están. Personas con Síndrome de Deficit de Atención, un saludo. Pasen un lindo día.

(Ya no leyeron ni este renglón.)

Oka.

Si tan sólo pudiéramos hablar con nuestros abuelos que ya no están... 30 años atrás, 1983, Mi abuela falleció en 1983, mi abuelo en 1981. Hablé con ellos cuando yo tenía toda la vida hasta los 19 años. (De hecho, pude hablar con mi bisabuela varios años más y ella nació en 1895).

Ahora si ellos pudieran hablar con sus propios abuelos, quizá otros 30 años atrás, van 60, 1953, y así ellos con los suyos... ¿otros 30? o 25? Van 90.

En dos párrafos llegamos al año 1923. Mi abuelo nació en 1907, ignoro las edades de sus abuelos, o sea, mis tatarabuelos. Lástima. Quizá mi tía Ella sí sepa. Ella lo sabe todo. Nació con un Facebook integrado en su sangre. Ya ha de haber cumplido 80 años. Y su Facebook integrado, así ha de ser la gente de Camargo, Tamaulipas, le sigue funcionando a la perfección. De todo se entera. Sin acceso a Internet ella se enterará de esto que estoy escribiendo.

Sigamos.

¿Cuántos años serían en 8 diálogos de nietos a abuelos, por decir así como los anteriores? 8 por 25 años... 200 años más. Y ya llegamos a 290 años, al año de 1723. ¿Sucedió algo importante por estas tierras? ¿De cuanta gente estoy hablando? 11 generaciones, Padres-2 personas. Abuelos-4 personas. Bisabuelos-8 personas. Tatarabuelos-16. 11 generaciones atrás, 2,048 individuos.

Con razón los genealogistas se divierten, con el paso del tiempo descubriré que soy pariente del Conde de Galvez, de los penúltimos virreyes de la Nueva España.

Uf. 2,048 personas, con todos sus antecedentes diferentes. ¿Si me siguen? Son sus tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-abuelos que existieron y que se dieron a la tarea de juntar sus ADN incoordinadamente, pero eso sí, muy gozosos, para llegar a nosotros con un poquitín de tiempo en medio.

Y eso fue en 1723 en promedio. Sí, muchos de estos pudieron haber sido los mismos. Cosas de la endogamia extrema. Por suerte no tuve colita de cerdo.

Con razón tienen éxito las novelas históricas. Un gran de posibilidades.

Y vete para atrás. Más para atrás. Más, más, más. 20 generaciones de antepasados. Ya olvídate de si abuelos o padres, sólo generaciones. 20 por 25 años. 500 años, el tiempo de la conquista de América. La conquista de México.

Si todos nuestros padres hablaran con sus padres y así.

Si tan sólo se hubieran registrado esos diálogos de alguna manera. ¿Sería el mismo español? Claro que no. El idioma ha ido cambiando. ¿En qué momento? En 1850? ¿En 1800? En 1750?

Las ropas, las costumbres. Las tierras, la cultura, el sentido de la vida misma, el sentido de la muerte. El sentido de ser hombre, el sentido de ser mujer. El sentido de tener hijos. El sentido del amor. El sentido del madurar.

Pensar que mis antepasados (aquí sí adquiere el concepto "antepasados" su dimensión real), tenían la clave de muchas cosas que nos preguntamos ahora: ¿Cómo era el clima? ¿Cómo era el vivir en estas zonas? ¿Cómo era el vivir sin leyes? (Ah, esa la podemos seguir contestando hoy mismo) ¿Cómo fue cambiando todo? ¿Se daban cuenta de que la vida cambiaba? ¿O todo fue estático por los siglos de los siglos?

Ahí están nuestros muertos. Nuestros antepasados. Y viven a través de nosotros.

En fin, cambiando sutilmente de tema, fue Día de Muertos y mi papá cumpliría 79 ese sábado, así que era inevitable buscar un ángulo un poco diferente a este comentario.

Pasen linda semana. Si no les gusta la palabra "linda", usen "excelente". O "provechosa". O "maravillosa". O "sensacional". Mi papá desaprobaría la palabra "linda". Estoy seguro.

Antes de terminar recordé que tengo dos anécdotas de mi papá. Una está en la novela Sangre de Neón. Ya se las pondré. Algún día, si se acuerdan. Lo dudo.

Otra está en mi blog, cuando hablé de la actitud de la gente común hacia la ciencia. Es de septiembre de 2006. ¡Un buen!


Pero si la quieren leer sin tener que ir al blog, ahí les va:

Mi padre viajaba mucho por entonces en camioneta por toda esa zona y como era su rutina no era muy comunicativo.

Martín (mi entonces cuñado) acostumbraba a acompañarlo y de algún modo trataba de llenar, aunque fuera ocasionalmente, ese vacío que se da dentro de una cabina de un vehículo después de viajar por muchos kilómetros muchas veces por esas mismas carreteras y después de escuchar los eternos cassettes de Chayito Valdez (su preferida) o de Ramón Ayala (no lo recuerdo del todo, pero bien pudo ser su preferido):

--Don Héctor, anduve leyendo las noticias el otro día...

Mi padre (contó después Martín) sólo contestó con un asentimiento sin desviar la vista del camino, seguramente pensando en algún detalle que tenía que ver con la rotación de pastas o con medicinas de ganado.

Martín continuó, tal vez alentado:

--...qué allá en África, se está muriendo mucha gente con eso del virus ese del Ébola, don Héctor...

Mi padre, callado, sus manos firmes en el volante, Ramón Ayala cantando tal vez la de “Ahí viene, mi Piquito de Oro, mi Lindo Tesoro” a cierto volumen.

Martín pensó que ya no respondería y se encogió de hombros.

Hasta que mi padre habló:

--Y tú, Martín... ¿tienes algún pariente en África o qué chingados?

Mi padre tenía un vocabulario muy pintoresco y podría no ser muy fan de las sutilezas, la verdad.

En fin. Celebro su cumple número 79.

Un saludo donde quiera que esté. Sólo recordar también que está en mi. No sólo de manera espiritual, no.

La mitad de mi ADN viene de él. Una cuarta parte de su ADN está en mis hijos. Y una octava de mis nietos tendrá su ADN. Mi padre, como ya saben, y me estiro mi piel, está aquí merito conmigo.

Ahora sí, pasen linda semana, con su bebida favorita.


Mañana, curso de LinkedIn, las Redes y Networking!!!

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