jueves, diciembre 26, 2013

El Azar y el Libre Albedrío



El azar como designio de las vidas de las personas. 

Destino establecido o Libre Albedrío.

O crees en el azar y sus designios o crees que todo lo que te sucede es designio de Dios, o estás en un  universo determinístico mirando hacia atrás (nunca hubo opción) o estas en un universo controlado, fijo con todos tus derroteros ya previstos por una entidad no divina llamada, el destino.

Así las cosas, no hay culpables, no hay decisiones, todo está previsto. Somos prisioneros del destino.

O será como Jan Valtin, aquél ya desconocido escritor de La Noche Quedó Atrás, eres el capitán de tu propio destino que sigue a la estrella que te muestra el camino.

A menos que seas lector de cartas o de lo oculto o de la ouija o de los boletos del metro, tu futuro yace entre nubes oscuras y no sabes si algún día saldrá el sol o no. Si lloverá o no. Si nevará o no. 

El New Yorker lo previó: En internet nadie sabrá que podrías ser un perro y en el próximo futuro tus cosas, tu refrigerador, tu carro, tu televisión, tu entorno estará en internet y no sabrás que es un refrigerador o un carro o una televisión el/ella/ello/eso que te manda el mensaje: (¡Rápido, compra huevos, leche y la miel que se están acabando! ¡Qué mal manejas, te dije 100 metros y vuelta a la derecha, menso! ¡Ahora regrésate!).

Robert Frost decía lo del camino menos recorrido, que nunca lo sabremos. Y quizá lo añoraremos. Añoranzas virtuales.

Agrégale que el GPS le está diciendo a la gente la ruta más corta, elimina las posibilidades de ver los atractivos inesperados. 

Estar en Amazon es ver muchos libros, click a click, mouse a mouse, pero no hay más maravilla que caminar por unos pasillos de una librería y ver libros y tomarlos y sentirse lleno del tema de LA SORPRESA.

Libros en oferta de tu autor favorito, ya antiguos, libros que piden a gritos ¡llévame!

Eso no sucede en Amazon.

O ver lo que come el otro en algún restaurant. O estar en el lugar que de plano ves las franquicias usuales y de pronto tomas la ruta equivocada y llegas a una plaza llena de restaurancitos en los que hay de todos guisos. Y los hueles y los ves y te da codicia alimenticia, los quieres.

Esa es la experiencia sensorial.

Es darle al botón de "¡Quiero probar suerte!". Es estar en un mapa y de plano tirar un dardo (si se pudiera, ok). Es tratar a un autor nuevo. 

Es pensar que sí eres capaz de analizar situaciones y tomar mejores decisiones.

Es prevenir y preveer, es estar consciente y cuando esté la posibilidad del azar, esperar lo mejor, algo bueno puede salir.

Es "a ver qué pasa mañana" pero esperarlo con ansiedad y gusto, nunca con miedo y con el temor que las cosas pueden no salir.

Es ir por todos esos gigantes, Facebook, Linkedin, Google, Amazon, IMDB y seguir explorando y explorando y tener curiosidad.

Y nunca dejar de tener curiosidad.

El universo aguarda. Y como ese ya muy desconocido Jan Valtin, tal vez seas no el arquitecto tal vez, pero sí el capitán de tu propio destino.

Pasen buen 20 de diciembre.

(Y extrañaremos al Mago Septién, hombre genial.)

La vida viene, como olas. O te lleva o te clavas en ella.

Decidelo.

Todas las bebidas, todas las vacunas, todas las opciones, ok, no todas. 


Decide una.

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