jueves, enero 23, 2014

A 30 años de Karma Chamaleon... y de mi primer trabajo Freelance...





30 años de Karma Chamaleon, de mi primer trabajo freelance... de 99 Red Luftballons...

Tenía 21 años casi cuatro meses y fui a mi trabajo primero de recién egresado en una compañía pequeña dedicada a microcomputadoras en forma freelance. Iban a ser tres meses.

Sí, se llamaban todavía: MI-CRO-COM-PU-TA-DO-RAS. O "micros".

Las "Personal Computer" eran todavía raras y su nombre en sí todavía no pegaba, el de "pece". Lejos estaban de la imaginación de todo el respetable las redes, el correo personal, el internet (¡menos el internet para llevar!), el browser, el messenger, los Smartphone, Androids, Facebook, Google et al.

En lo que sigue no diré nombres, no vaya a ser la de malas que alguien de ahí me lea, lo cual me parece muuuuy poco probable.

Esa oficina quedaba en el centro y estaba en un segundo piso. Mi primer día de trabajo fue de hecho el 13 de enero de 1984 y este fue conseguido por una persona que me recomendó con el dueño del negocio a quien, como verán, conocí después, sólo me entrevistó el gerente del negocio, un señor delgado muy luchón e inteligente que vestía pantalón de vestir hasta en domingo.

Lo que iba a hacer era trabajar en reformar un sistema de contabilidad y unirlo a un sistema de costos unitarios que era lo que vendía esta gente en lenguaje BASIC.

Llegaba yo y saludaba a todo mundo, me contestaban a regañadientes y así me instalaba en una mesa de trabajo, allá en el fondo. Las computadoras de trabajo eran "micros" marca Cromemco, marca ya desaparecida de la faz de la tierra por más de 25 años o más. Y la ilusión de ese pequeño negocio era hacer dinero con esas micros y sus sistemas hechos a la medida.

La música de fondo era la tan añorada de Stereo Siete, manejada por la familia Hinojosa Margaín, claro. Y fue ahí donde escuché por primera vez la canción Karma Chameleon, del Culture Club de Boy George, que, ok, no tiene mucha trascendencia, pero sí marcó una época, y además de esa se escuchaba a Nena, la chica alemana de los 99 Luftballons, genial música de por aquél entonces.

30 años hace de todo eso.

El caso es que en ocasiones, a ciertas horas de la mañana escuchaba un sonido raro, como de motor que se prendía por poco más de 10 segundos y se apagaba. Por más que le buscaba nunca sabía de donde era ese ruido.

A los pocos días me dicen "te habla el señor Something", y yo: "ah". Fui para allá y que veo algo raro: Era la pared plateada que estaba a lo largo frente a los tres o cuatro escritorios, y que tenía una como puerta negra en medio a la que nunca le había puesto atención.

En eso se escucha el ruido familiar de moverse algo pesado y veo que esa como puerta negra sí lo era: una puerta que por obra y gracia del motor se fue moviendo. Y se abrió hacia una oficina de paredes negras, eso sí, muy iluminada. Se oyó la voz del señor Something desde dentro quien dijo: "¡Pasa Luis!". Y pasé.

El dueño del negocio: Este señor era elegante, de 1.85 m, distinguido, impactante. Se pintaba el pelo, ya algo delgado, de color castaño. Usaba lentes de armadura de oro delgada. Usaba un diente de tigre en medio de su cadena de oro en el cuello,muy gruesa, todo muy llamativo, imaginé que no podrías dejar de verlo en algún lugar a donde llegase el señor.

Rayaba en lo Kitsch.

Nada, que su entorno de trabajo... era impresionante. Ya dije las paredes negras. Un taburete de pata de elefante. Una amplia mesa negra de mármol como escritorio. Una daga marroquí curvada sobre la mesa, como abrecartas. ¿Comenté del leopardo disecado en actitud de caer sobre su presa y que estaba arriba del señor Something?

Lo que hace el dinero.

Ya no rayaba en lo Kitsch.

Definía lo Kitsch.

Le hice dos tres preguntas de lo que veía, sí, que si la daga, que si el leopardo, porque, para esto, toda la habitación estaba llena de animales disecados y en eso me dice el señor Something: "Veo que te interesa, deja te llevo a la habitación donde guardo mis trofeos."

Y que vamos para allá y que voy viendo, con descreimiento total: ¿Habitación? Era una gran sala la cantidad de animales que tenía por ahí: osos, búfalos, antílopes, grandes, chiquitos y lo más impresionante, un búfalo negro aterrado en el piso, caído, derrotado, y arriba de él, un león con los ojos desorbitados, su melena alborotada, con sus garras deshaciendo a tirones la piel del búfalo, sus quijadas poderosas hundiéndose en el pescuezo del animal.

Todo en "perfecta", "armonía".

Revolucionaba lo Kitsch.

¿Qué decir? Igual que en su megalomaníaca habitación oscura, había antílopes chiquitos, medianos, grandes, osos, cimarrones (estoy recordando un venado de Mongolia, y que contó que fue de los primeros cazadores mexicanos en llegar ahí) uf, de todo, no pude asimilarlo. Fueron solo 10 minutos o menos de visita a esa sala, hace 30 años. 10 minutos, y como ven, inolvidables.

Nunca dejaré de preguntarme cómo se mata a un antílope que no mide mas de 30 centímetros, con qué arma, con qué actitud.

Eso es todo lo que pude decir: "Una colección muy impresionante".

Nada más ambiguo pudo salir de mí.

Le agradecí su atención al señor Something. No recuerdo haberme cruzado de nuevo con él.

Con esa ocasión fue suficiente. De por vida.

Acabé el proyecto en seis meses en lugar de tres. Nunca volví a ver a las personas que trabajaban ahí.

No hice amistades, n
unca me interesaron, nunca les interesé. El mundo nada perdió.

Las microcomputadoras Cromemco desaparecieron. La frase "la micro" cayó en desuso, la oficina esa también.

Al señor gerente lo vi dos años después en una manifestación en contra de Jorge Treviño, lo vi desde no muy lejos, se quejaba por no poder cruzar la calle en su auto por el paso de la gente manifestándose.

Culture Club inesperadamente jamás fue tan sofisticado más allá de Karma Chamaleon, con su Kitsch andrógino decadente a todo lo que da.

El señor Something murió hace mucho.

Ignoro que pasó con esas piezas de caza disecadas ultra chic-kitsch.



Nena, la de los 99 Luftballons, es recordada, siempre con todo y que nunca la volvimos a ver, en nuestra mente, también siempre, tuvo clase.

Lindo Miércoles.

Viene un poquito de frío. Aguas. Abríguense.

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