viernes, enero 10, 2014

El Cine mexicano cuando era delirante




Todas las mañanas desde hace mucho tiempo veo a Brozo (luego lo analizaré y diré lo que pienso de su programa), lo que pasa es que  estas tres semanas están de vacaciones y pues las noticias locales en sus opciones no me atraen sobremanera, no soy de ver la policiaca de anoche o la de tránsito y accidentes de hoy por la mañana, el pulso de la ciudad de esa manera no es atrayente para mis gustos alejados de esa realidad tan común y a veces tan dolorosa.

Miami Vice, aun y que es uno de mis programas favoritos, no está en su mejor temporada de repetición, así que no hay mucho que ver y Seinfeld, aún y que es una maravilla, me distrae mucho para escribir esto y también las temporadas que pasa el Sony son las mismas últimamente.

Entonces queda el cine mexicano por cable.

Sí, soy fan del cine mexicano, de aquellas películas de los 40s, 50s y 60s. Cierto, el cine mexicano en los 70s decayó tremendamente como para de plano no recordar una buena comedia recomendable después de 1971.

Ese cine de esos años habla de un país sin exigencias, habla de un cine industrial que sacaba películas iguales una tras otra, de luchadores, de jóvenes, de vaqueros-rancheros, centradas en la zona redundando, central de México, urbanas igual en Ciudad de México, pero no dejan de tener su encanto aunque sean la mil de repetidas.

Leyendo a Emilio García Riera y a Jorge Ayala Blanco, los mejores críticos de cine mexicano que ha habido, y totales rivales uno del otro, te enteras que el cine mexicano tuvo a bien ser una máquina total en la que la calidad, con sus debidas excepciones, brillaba por su ausencia.

Todo era porque el mercado era harto lucrativo y la gente iba obediente a ver las películas de Dolores, de Jorge, de María, de Mario, de Pedro, en romería.

Todo cambió por la televisión y otras razones por ahí.

Cuando lees de todo eso, de los valores ínfimos de producción y recuerdas que veías esas películas por la tv de chavito y de chavo, te dan sentimientos encontrados que te gustaban y mucho, las películas de Viruta y Capulina, y las de El Piporro y las de Abel Salazar y las de Miguel Aceves Mejía y las de Rosa María Vázquez y las de Lilia Prado y las de Enrique Guzman y las de Cesar Costa  y las de Tintán y las de...

Hubo sus excepciones, las de Pina Pellicer, las escritas por Juan Rulfo o Carlos Fuentes, o la de Los Caifanes o las de...

Yo soy hijo de los 60s y me tocó en Tampico ir al cine a ver tres películas en domingo por la mañana como el Santo derrotaba al Estrangulador, al espectro del Estrangulador y al Cerebros del Mal y miraba sin darme cuenta como las luchas en el ring se llevaban más del 40% de las películas en sí. Y gritaba como todos: "¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!". Y era delirante de divertido. Todo por 3 pesos.

El cine se vuelve arte y religión y diversión y disfrutar de Antonioni y Bergman y Allen y Kurosawa y Kiorastami y Goddard y Truffaut y Hitchcock y Lynch y Kim Ki-duk nunca disminuyó mi gusto por el cine mexicano.

En la vida hay que tener espacio para delirios, por siempre...

Luego le sigo por lo del cine y referir más especificamente ese México que casi nunca existió...

Pasen buen jueves. Diviertanse, pero no se excedan, demasiado delirio en Enero es contra la ley.

Cafecito. Tecito. Jueves.

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