viernes, enero 10, 2014

El día de las Reminiscencias Frías


Friazaso o como se escriba, pero aquí andamos, y nada, que el agua caliente se tardó en salir, pero salió al fin, y aquí, repito, estamos, y decimos a nuestro alrededor, "¿frío? ¡Esto no es nada!" y te sueltas a decir "N'mbre, frío el de 1983, el de 1989, el de 1997, el de... ¡Esos son fríos!". 

Y los que saben más de esto, o que tienen conciencia te empiezan a hablar de la Nevada del 9 de enero de 1967, en la que Monterrey se cubrió de  nieve en forma por demás impresionante.

Es la maravilla del cambio de tu entorno de siempre por verlo igual bajo los mismos parámetros, a verlo y sentirlo a como piensas que es una maravilla caída del cielo cubriendo la remembranza con las metáforas usuales y los cliches, todo salido de estampas polares, de tierras septentrionales, mantos blancos y el tradicional mono de nieve (qué de seguro es la tradición en estas tierras, ¡claro!) a un lado.

Yo tenía 4 años y medio en ese 1967 y recuerdo la nieve fuera de la casa, la nieve que le guardamos a mi papá en el congelador, y no mucho más.

El deshielo vino con el primer sol, que no tardó, pero el daño en el subconsciente ya estaba hecho, vimos a Monterrey con  nieve por todos lados y los que lo recuerdan de la edad correcta dicen que fue una maravilla, ¿los demás? Hechos bola en medio de mil ropas.

Es de temer una edad de hielo, o como dicen, una mini-edad de hielo en la que, como se ve en el norte, las tempestades de nieve estén no tan raras como estas sino a la orden del día, aunque se menciona que la que acaba de azotar al noreste de USA fue de las más fuertes de los últimos 20 años, -37 grados centígrados en algunas partes y que por lo mismo, una gran mayoría de la población no las había conocido.

Pero todo es relativo: los canadienses dicen de USA y sus quejas: "sí, allá en los trópicos!".

Así las cosas pues, nos quejamos de la falta de costumbre. 

Yo por mi lado prefiero los frescos, todo con medida. Y es cuando tienes consciencia de como estás siempre en el filo de los elementos, que estás en la misma muralla que divide lo cierto de lo incierto, lo civilizado de la barbarie, lo confortable de los fríos inclementes y en ocasiones no puedes evitar sentir que eres afortunado a pesar de las demás sinsabores y dagas del infortunio y del mismo destino.

Pasen un buen día...



Todas las bebidas calientitas, niñas y mujeres primero, y los demás, salvemos nuestras almas...

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