viernes, enero 31, 2014

Recordando los 50 años del Doctor Strangelove o Stanley Kubrick, una vez más, un geniazo!







Ahora otro cambio de ritmo. 


Esta es de esas no-confesi-crónicas y sí-artículo didáctico-y-de-celebración, si no quieren pues no, no lo lean. Les va aburrir. Ya me conocen.

Es difícil hablar del fin del mundo. No, no hablo del de la segunda venida o del que hablan ciertas sectas que se vendrá en tal o cual hora o el desacreditado Apocalipsis de los mayas de hace apenas un año.

No, hablo del provocado por la mano del hombre que pudo suceder a partir de los años cuarentas y que de alguna manera seguimos pendiendo de un hilo. 

Bueno, estuvimos pendiendo de un hilo como que más recortado y seguimos en nuestra ignorancia, tan campantes.

Resulta que estos días de hace 50 años (cómo hay tantas cosas que últimamente celebran 50 años, ¿eh?) se estrenó la película del genial Stanley Kubrick llamada Doctor Strangelove, o Cómo Aprendí a Dejar de Preocuparme y Amar a la Bomba.


La película es una farsa o comedia acerca de un general americano que pone en marcha un plan para atacar Rusia debido a que estaba convencido que era la única manera de detener los planes rusos que amenazaban con robarle sus "preciosos fluidos corporales" a la población a través del flúor vertido en el agua potable de todas las ciudades.

Ese plan consiste en mandar varios escuadrones de aviones bombarderos B-52s cargadas con bombas atómicas sobre Rusia para destruirla hasta sus cimientos. 

Los rusos se dan cuenta, por supuesto, y amenazan con contraatacar de inmediato. De buenas un oficial inglés (Peter Sellers) ayuda a detener el plan cuando descubre la clave para dar a todos los aviones la orden de regreso.

Y todos obedecen, excepto uno, que había sido dañado poco antes por fuego antiaereo y había perdido la radio.


Aquí se ponen las cosas complicadas: el presidente norteamericano (actuado por también por Peter Sellers) hablando por teléfono con el presidente ruso, se entera que ellos, los rusos, habían inventado previamente una Máquina del Juicio Final para que en caso de ataque nuclear de inmediato se desatase un ataque de revancha total sobre los Estados Unidos.

El caso es que para que la utilidad de esa arma, la Doomsday Machine, funcionase, los norteamericanos DEBERÍAN SABER de su existencia, para no hacer, pensar, planear ataques. Así se produciría un empate básico: "no te ataco porque me atacarías hasta los cimientos", la paz en base al miedo a la mutua destrucción total.

Los norteamericanos dudan de la existencia de esa arma, demasiado terrible para inventarla (sobre todo George C. Scott, maravilloso en sus escenas).

La película llega a extremos delirantes cuando ahora aparece el Doctor Strangelove (actuado por... sí, también por Peter Sellers) y en su acento alemán concluye que...

Película filmada en blanco y negro, apegadísima al detalle minucioso, describiendo la cabina del B-52 a un grado extremo tal, que personal de la producción fueron investigados por el FBI para saber de dónde tomaron los detalles de los paneles de control o de las tácticas para los planes de activación de las armas.

Bueno, hasta aquí lo de la película.

Magnífica película.

El punto es que a través de los años, la humanidad sí ha estado muy cerca de esa guerra nuclear, tan cerca, que ya no podríamos ni contarla. ¿Qué tanto?

-Escuadrones alemanes que al menos en 1960 tenían sus aviones jets cargados con proyectiles atómicos listos, y que si hubieran querido, hubieran podido despegar de sus bases en Alemania Occidental e irse a liquidar viejas cuentas al bombardear Moscú. La única barrera que les hubiera impedido conseguir eso era sólo un soldado norteamericano con su rifle, sólo uno, resguardando esos almacenes.

-La cadena de mando normalmente era que el presidente y sólo el presidente, siempre tenía el control. O es lo que se creía, pero no. Tal como en la película, había varios generales o coroneles que si se les hubiera pegado la gana hubieran podido desencadenar ellos sólos la Tercera Guerra Mundial, sin pedirle permiso a nadie. A nadie.

-El número clave en muchas instalaciones nucleares, el password, para poder iniciar el proceso despegue del arsenal atómico era... "00000000". Dificilisimo.

-Gran cantidad de personal en esa área de armas son personas con problemas de alcohol y drogas, por las presiones con las que tienen que tratar.

-Y al menos en los años 50s, escuadrones americanos estacionados en las Aleutianas, frente a Alaska, se ponían al tú por el tú contra de aviones Mig arriba de Vladivostok, en Siberia soviética, totalmente invadiendo territorio ruso, invitando al omnicidio.

-Como dato interesante, el primer B-52 se utilizó en 1955 y se espera que algunos, modernizados, sirvan hasta los 2040s, ¡casi los 90 años de usar los mismos aviones!

-Como extra dato, muchos concluyen que lo único verdaderamente bueno que ha salido de los B-52s es el Rock Lobster, el Love Shack y Shiny Happy People junto con R.E.M. y muchos otros rocks. Completamente de acuerdo.

Nos salvamos de muchas. Lo que es vivir en la bendita ignorancia.

¿Cómo se podía mantener el status quo a pesar de eso?

Sepa, sólo sé que ahora hay menos armas nucleares, sí, pero el peligro continua.

Pensarán, tal vez desconcertados, el qué tiene que ver todo esto con nuestro presente y pues cerrando con una nota más optimista, Stanley Kubrick, sin saberlo, le atinó a la parte medular: Hay locos, demasiados locos en el poder, o tal vez no en el poder, pero sí con poder, hoy en día. 

El misterio es, ¿cómo lo consiguieron?? 

Esa es la pregunta. O más que pregunta, esa es la mera cuestión que siempre nos debemos hacer: ¿Cómo evitar que los locos tomen ese poder?

(Password "0000000", ¡qué barbaridad!)

¡Eso sí da miedo!

50 años del Doctor Strangelove. ¡Cómo se pasa el tiempo cuando uno se divierte!

Pasen lindo día.

Rock Lobster!

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