domingo, febrero 21, 2016

Recordando a Umberto Eco



Recordando a El Nombre de la Rosa, del ya obvio  Umberto Eco, libro leído allá por los años 80s y que nos dejó muy impresionado, agregamos a la memoria colectiva lo siguiente...







Ahí escribe la frase al final...

Porque es historia de libros, no de miserias cotidianas, y su lectura puede incitarnos a repetir, con el gran imitador de Kempis: «In ómnibus réquiem quaesivi, et nusquam inveni nisi in ángulo cum libro.»

(En todo he buscado descanso, y nunca lo he encontrado excepto en una esquina con un libro.)



 Y por otro lado, también agregando dos parrafitos de la entrevista que sacó The Paris Review en 2008 sobre el eminente semiólogo Umberto, en las que refiere a cuales eran sus programas de televisión favoritos:




¡...y menciona a Starsky and Hutch, Miami Vice y Columbo!


Por otro lado habla de su estilo de escribir y de porqué tan pocas escenas de sexo en sus libros.







Donde concluye que él prefiere tener sexo que escribirlo...


Por otra parte tenemos 




¿Están los intelectuales todavía comprometidos a la noción del deber político, como lo estaban en los días de Sartre y Foucault?

Yo no creo que para estar políticamente comprometido un intelectual debe actuar como un miembro de partido, o peor, escribir exclusivamente sobre problemas sociales contemporáneos. Los intelectuales deberían estar tan políticamente comprometidos como los demás ciudadanos. A lo mucho cualquier intelectual puede usar su reputación para apoyar una causa dada. Si hay un manifiesto sobre la cuestión del medio ambiente, mi firma puede ayudar, o así usaría mi reputación para una sola instancia de compromiso común. El problema es que el intelectual es solo útil mientras se trate del el futuro, no del presente. Si tú estás en un teatro y hay un fuego, un poeta no puede subirse a un asiento y recitar un poema, él debe llamar a los bomberos como todos los demás.

La función del intelectual es decirlo de antemano: “¡Pongan atención al teatro porque es viejo y es peligroso!” Así que su palabra tiene la función profética de un atractivo de algún tipo. La función del intelectual es decir “deberíamos hacer eso”, no, “¡debemos hacer eso ahora!” Ese es el trabajo del político. Si la utopía de Tomás Moro fuera alguna vez realizada, tengo poca duda de que esa sería una sociedad estalinista.



y más allá...




ENTREVISTADOR
Su biblioteca aquí en Milán es una leyenda en sí misma. ¿Qué tipo de libros le gusta coleccionar?

ECO
Tengo un total de alrededor de cincuenta mil libros. Pero como coleccionista de libros raros me fascina la propensión humana por el pensamiento desviado. Así que colecciono libros sobre temas en los que no creo, como la cábala, la alquimia, la magia, idiomas inventados. Los libros que mienten, aunque inconscientemente. Tengo Ptolomeo, no a Galileo, porque Galileo dijo la verdad. Yo prefiero la ciencia lunática.

ENTREVISTADOR
Con tantos volúmenes, cuando se va a los libreros, ¿cómo decidir qué libro escoger y leer?

ECO
No me voy a las estanterías de elegir un libro para leer. Voy a las estanterías para recoger un libro que sé que necesito en ese momento. Es una historia diferente. Por ejemplo, si usted me pregunta acerca de autores contemporáneos, vería a través de mis colecciones de Philip Roth o Don DeLillo recordar exactamente lo que amo de ellos. Soy un académico. De cierta manera yo debería decir que nunca soy libre de elegir. Estoy solo siguiendo las necesidades del trabajo que estoy haciendo en un momento dado.



La entrevista está aquí.





Finalmente ésta es mi portada que tengo de aquellos años, 1986 del señor Umberto, treinta años conmigo y contando...

Buen viaje, lo seguimos leyendo...





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